El cuidado del cabello no consiste en acumular productos ni en seguir una rutina de muchos pasos. Una buena rutina empieza por entender qué necesita realmente tu cabello: una limpieza adecuada, suficiente acondicionamiento, menos fricción, protección frente al calor y una atención especial cuando existen coloración, decoloración o daño químico.
También es importante diferenciar el cuero cabelludo de la fibra. El champú debe responder principalmente a las necesidades del cuero cabelludo, mientras que acondicionadores, mascarillas y productos sin enjuague suelen actuar sobre medios y puntas. Tratar ambas zonas como si fueran exactamente lo mismo puede hacer que una rutina resulte demasiado pesada en la raíz o insuficiente en las longitudes.
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Leer guía¿Qué significa realmente cuidar el cabello?
Cuidar el cabello significa mantener la fibra en las mejores condiciones posibles mientras reducimos las fuentes de desgaste cotidiano. El cabello está expuesto de forma constante al lavado, cepillado, fricción, radiación solar, herramientas térmicas, coloración, decoloración y otros tratamientos químicos.
Una rutina adecuada puede mejorar mucho la suavidad, brillo, lubricación, manejabilidad y resistencia frente a la rotura. También puede disminuir el frizz y ayudar a que las puntas se deterioren más lentamente.
Lo que no debemos esperar es que un cosmético convierta una fibra severamente dañada en cabello virgen otra vez. Los productos pueden acondicionar y mejorar de manera importante el comportamiento y la apariencia del cabello, pero determinados daños estructurales no desaparecen simplemente porque la superficie vuelva a sentirse suave.
Cuero cabelludo y fibra capilar no necesitan exactamente lo mismo
Una de las claves del cuidado capilar es separar dos zonas que suelen confundirse. El cuero cabelludo es piel y produce sebo; puede ser más seco, más graso, sensible o presentar problemas que necesitan valoración específica. La fibra capilar, en cambio, es el tallo que vemos y peinamos.
Por eso el champú suele concentrarse principalmente en el cuero cabelludo. Durante el enjuague, la espuma que pasa por las longitudes suele ser suficiente para retirar suciedad superficial sin necesidad de frotarlas agresivamente entre sí.
El acondicionador funciona de manera diferente. Normalmente interesa aplicarlo sobre medios y puntas, donde ayuda a reducir fricción, facilitar el desenredado y mejorar la sensación de suavidad.
¿Cuál es una buena rutina para cuidar el cabello?
No necesitas diez productos para tener una rutina completa. Para muchas personas, una estructura sencilla funciona perfectamente:
| Paso | Objetivo | Qué conviene adaptar |
|---|---|---|
| Lavado | Limpiar cuero cabelludo y retirar acumulación | Frecuencia, nivel de grasa y sensibilidad |
| Acondicionamiento | Reducir fricción y mejorar manejabilidad | Grosor, sequedad y daño de medios y puntas |
| Desenredado | Evitar tirones y rotura innecesaria | Textura y facilidad para formar nudos |
| Secado | Retirar humedad sin someter la fibra a calor excesivo | Temperatura, distancia y tiempo de exposición |
| Protección térmica | Reducir parte del daño producido por herramientas calientes | Tipo de herramienta y temperatura utilizada |
| Acabado | Controlar frizz, aportar lubricación o definir textura | Cantidad de producto y tipo de cabello |
A partir de esta base pueden añadirse mascarillas, productos sin enjuague, aceites o tratamientos específicos cuando realmente aporten algo a la rutina. Utilizar más productos no garantiza mejores resultados.

¿Cada cuánto se debe lavar el cabello?
No existe una frecuencia universal. Algunas personas necesitan lavar el cabello con bastante frecuencia porque el cuero cabelludo produce más sebo, mientras que otras pueden espaciar los lavados sin presentar grasa, picor o acumulación.
El tipo de cabello también influye. En texturas rizadas o afro, el sebo puede desplazarse con mayor dificultad a lo largo de la fibra, por lo que las longitudes pueden sentirse secas aunque el cuero cabelludo no lo esté.
La frecuencia ideal es la que permite mantener el cuero cabelludo limpio y cómodo sin volver innecesariamente ásperas las longitudes. No es necesario soportar una raíz muy grasa durante varios días únicamente porque una regla en internet diga que “lavar poco es mejor”.
Si buscas específicamente los cuidados del lavado después de un tratamiento de keratina, esa situación es diferente y la desarrollamos en nuestra guía de cómo lavar el cabello después de la keratina.
¿Cómo lavar correctamente el cabello?
El lavado debería concentrarse principalmente en el cuero cabelludo. Distribuye el champú con los dedos y masajea sin raspar agresivamente con las uñas. No es necesario enredar las longitudes sobre la cabeza ni frotarlas entre las manos como si fueran una prenda.
Al enjuagar, deja que el agua y la espuma recorran medios y puntas. Si existe una acumulación importante de productos o suciedad, puede ser necesario ajustar la limpieza, pero en un lavado normal la prioridad continúa siendo el cuero cabelludo.
Después conviene aplicar acondicionador en las zonas que necesitan lubricación, generalmente medios y puntas, y desenredar con paciencia en lugar de tirar del cabello.
¿Para qué sirve el acondicionador?
El acondicionador no es simplemente un producto que “da brillo”. Su función principal es ayudar a que la superficie de la fibra resulte más suave y lubricada, disminuyendo la fricción entre cabellos.
Esto facilita el desenredado y puede reducir parte de la rotura producida por la manipulación. También mejora la sensación al tacto y ayuda a controlar electricidad estática y frizz.
Un cabello fino puede necesitar fórmulas más ligeras o menor cantidad, mientras que uno grueso, rizado, decolorado o muy seco puede beneficiarse de un acondicionamiento más intenso.
¿Mascarilla y acondicionador hacen lo mismo?
Tienen objetivos relacionados, pero una mascarilla suele estar formulada para proporcionar un acondicionamiento más intenso o prolongado. Eso no significa que todas las personas necesiten una mascarilla cada vez que se lavan el cabello.
Si después del acondicionador el cabello ya se siente suave, flexible y fácil de desenredar, añadir constantemente productos más pesados puede no aportar una ventaja visible. En cabello fino incluso puede reducir volumen y movimiento.
En cambio, un cabello muy seco, grueso, decolorado o sensibilizado puede necesitar más apoyo en medios y puntas.
¿Qué es la porosidad del cabello?
La porosidad describe, de manera general, la capacidad de la fibra para permitir el paso o retención de determinadas sustancias y está relacionada con el estado de su estructura superficial e interna.
Una fibra muy dañada por decoloraciones, radiación, tratamientos químicos o desgaste puede presentar cambios de porosidad. Eso puede hacer que determinadas zonas absorban agua y productos de forma diferente y que el cabello se sienta áspero o pierda acondicionamiento con facilidad.
La porosidad no debería convertirse en una etiqueta rígida que determine toda la rutina. Dos personas clasificadas como “alta porosidad” pueden tener texturas, daños y necesidades completamente diferentes.
¿Sirve la prueba del vaso de agua?
La prueba de colocar un cabello en un vaso y observar si flota o se hunde se ha popularizado como método casero para determinar porosidad. Sin embargo, no debería interpretarse como una medición científica exacta.
La presencia de sebo, residuos cosméticos, diámetro de la fibra, tensión superficial del agua y otras variables pueden afectar lo que ocurre con un pelo dentro de un vaso.
Resulta más útil observar el historial químico, la forma en que el cabello se moja, cuánto tarda en secarse, cómo responde al acondicionamiento y si existen zonas visiblemente dañadas. Más adelante desarrollaremos este tema en profundidad dentro de Cuidado Capilar.
¿Qué hacer si tienes el cabello seco?
El cabello seco suele sentirse áspero, poco flexible, opaco o difícil de desenredar. Esto puede deberse a la propia textura natural, al desgaste de la cutícula, al lavado, al calor, al ambiente o a procesos químicos anteriores.
La primera estrategia no debería ser añadir aceite indiscriminadamente. Conviene comprobar si la rutina proporciona suficiente acondicionamiento, si el champú resulta demasiado agresivo para las longitudes y si estamos utilizando más calor del necesario.
Un acondicionador adecuado, mascarillas cuando sean necesarias y productos sin enjuague pueden mejorar notablemente suavidad y manejabilidad. Los aceites también pueden ser útiles para lubricar y mejorar la apariencia de las puntas, pero no sustituyen automáticamente todas las demás etapas.
Hidratación, nutrición y reparación: ¿son realmente cosas diferentes?
En redes sociales es frecuente dividir cualquier rutina en “hidratación, nutrición y reconstrucción” como si todas las mascarillas pudieran clasificarse perfectamente en una de esas tres categorías. Es una simplificación comercial útil para organizar productos, pero la formulación real de un cosmético suele ser bastante más compleja.
Una mascarilla puede contener al mismo tiempo humectantes, acondicionadores, aceites, siliconas, proteínas hidrolizadas y otros ingredientes. Por eso es más útil evaluar cómo responde tu cabello a la fórmula completa que intentar seguir un calendario rígido basado exclusivamente en esas tres etiquetas.
Si el cabello se siente áspero, necesita más lubricación y acondicionamiento. Si está excesivamente pesado, puede necesitar menos producto. Y si existe rotura importante por daño químico, ninguna mascarilla debería utilizarse como excusa para continuar añadiendo procesos agresivos.
¿Por qué aparece el frizz?
El frizz puede aparecer por múltiples razones. Textura natural, humedad ambiental, desgaste de la cutícula, sequedad, fricción, electricidad estática y daño químico pueden contribuir a que algunas fibras se separen del conjunto y pierdan alineación.
Por eso no siempre se resuelve simplemente aplicando más aceite. En algunos cabellos mejora con acondicionamiento, una técnica de secado más controlada y productos que formen una película ligera sobre la fibra.
En otros casos el frizz forma parte de la propia textura. Una persona con ondas o rizos puede tener más fibras separadas visualmente sin que eso signifique automáticamente que el cabello esté dañado.
¿Cómo reducir el frizz?
Empieza disminuyendo fricción innecesaria. Evita frotar agresivamente el cabello con una toalla, desenredarlo con tirones o manipular constantemente las longitudes mientras se secan.
Un acondicionador apropiado y un producto sin enjuague pueden ayudar a mejorar la alineación y mantener una superficie más suave. Si utilizas secador, dirigir el aire de forma ordenada y controlar la temperatura también puede mejorar el acabado.
Si el frizz apareció después de decoloraciones o procesos químicos, conviene valorar también si existe daño en la fibra en lugar de tratarlo únicamente como un problema de acabado.
¿Qué son las puntas abiertas?
Las puntas abiertas aparecen cuando la parte final de la fibra pierde integridad y comienza a dividirse. Son más frecuentes en las zonas más antiguas del cabello porque han acumulado durante más tiempo lavados, fricción, cepillado, calor y exposición ambiental.
Los acondicionadores, siliconas, polímeros y otros ingredientes pueden mejorar mucho la apariencia de una punta abierta y hacer que temporalmente se vea más unida y suave.
Pero una punta que ya está físicamente dividida no vuelve de forma permanente a su estado original. Cuando la apertura es importante, cortar esa pequeña sección sigue siendo la manera definitiva de eliminarla.
¿Cómo evitar que las puntas se abran tan rápido?
No podemos evitar por completo el desgaste de una fibra que puede permanecer años sobre la cabeza, pero sí podemos disminuir algunas fuentes de daño acumulativo.
Reducir fricción, desenredar con cuidado, acondicionar las longitudes, controlar las herramientas térmicas y evitar superponer procesos químicos innecesariamente puede ayudar a que las puntas mantengan su integridad durante más tiempo.
También es útil recortar cuando las puntas empiezan a deteriorarse significativamente en lugar de esperar a que la apertura avance hacia zonas superiores de la fibra.
¿Qué daña más el cabello?
El daño suele ser acumulativo. No existe una sola causa responsable en todos los casos. Algunas de las fuentes más importantes son decoloraciones repetidas, alisados químicos, calor excesivo, superposición de procesos y manipulación mecánica intensa.
Un solo uso de secador no es comparable con planchar diariamente a temperaturas muy elevadas, del mismo modo que una coloración suave no equivale a varias decoloraciones superpuestas sobre las mismas zonas.
Por eso para comprender un cabello dañado hay que reconstruir su historial: qué tratamientos recibió, con qué frecuencia, cuánto calor utiliza y en qué zonas presenta rotura.
¿Cómo saber si el cabello está dañado?
Algunas señales frecuentes son aumento de aspereza, pérdida de elasticidad normal, rotura, puntas deterioradas, mayor tendencia a formar nudos y diferencias importantes entre zonas de la misma cabeza.
Un cabello decolorado puede sentirse extremadamente elástico cuando está mojado, mientras que otro tipo de daño puede manifestarse principalmente como fragilidad y rotura. No todas las fibras dañadas se comportan igual.
También es importante no confundir sequedad con daño severo. Un cabello naturalmente grueso o rizado puede sentirse seco sin estar necesariamente destruido estructuralmente.
¿Se puede reparar el cabello dañado?
Los productos cosméticos pueden mejorar mucho el comportamiento de una fibra dañada. Acondicionadores, proteínas hidrolizadas, polímeros, siliconas y otros ingredientes pueden aumentar la suavidad, disminuir fricción, mejorar brillo y reducir rotura durante el manejo.
Pero mejorar la apariencia no significa devolver completamente una fibra dañada a su condición original. Si una sección está severamente rota o una punta se ha dividido, existen límites a lo que puede conseguir un cosmético.
Por eso una buena rutina debe combinar mejora cosmética con prevención: acondicionar lo que ya está sensibilizado y evitar seguir añadiendo daño innecesario.
El calor sí importa en el cuidado del cabello
Secadores, planchas y rizadores permiten modificar temporalmente la forma de la fibra, pero las temperaturas elevadas y la exposición repetida pueden alterar su superficie y sus proteínas.
Esto no significa que debas dejar de utilizar herramientas térmicas por completo. La clave está en no utilizar más temperatura ni más pasadas de las necesarias y adaptar el calor al estado del cabello.
Un cabello virgen, grueso y resistente no debe tratarse exactamente igual que uno fino, decolorado o quebradizo.
¿Para qué sirve un protector térmico?
Un protector térmico para el cabello está formulado para reducir parte del impacto producido por secadores, planchas o rizadores. Dependiendo de la fórmula, puede ayudar a distribuir el calor, disminuir fricción y formar una película protectora sobre la fibra.
Eso no convierte al cabello en inmune a cualquier temperatura. Aplicar protector térmico y después utilizar repetidamente una plancha excesivamente caliente sigue exponiendo la fibra a una carga térmica importante.
La mejor estrategia combina ambas cosas: protección térmica + temperatura razonable + menos pasadas.
¿Es mejor secar al aire o con secador?
No existe una respuesta tan simple como “el aire siempre es mejor”. El secador utilizado demasiado cerca o a temperaturas elevadas puede dañar la superficie del cabello, pero dejar la fibra mojada durante periodos muy prolongados tampoco significa automáticamente ausencia total de cambios.
Una estrategia razonable es retirar primero el exceso de agua sin frotar agresivamente y, si utilizas secador, mantener cierta distancia, moverlo constantemente y usar una temperatura suficiente para secar sin concentrar calor excesivo sobre la misma sección.
El objetivo no es evitar cualquier herramienta, sino controlar la exposición.
¿Cómo desenredar el cabello sin romperlo?
El cabello mojado puede ser especialmente vulnerable a la tensión, aunque esto varía según la textura y el estado de la fibra. El acondicionador ayuda a reducir fricción y facilita que los nudos se deslicen con menor resistencia.
Empieza por las puntas y avanza progresivamente hacia zonas superiores en lugar de intentar arrastrar todos los nudos desde la raíz en una sola pasada.
En cabello rizado o afro suele ser especialmente útil desenredar por secciones y con suficiente acondicionamiento para mantener el patrón y reducir tirones.
¿Dormir con el cabello mojado lo daña?
Dormir ocasionalmente con el cabello húmedo no significa que vaya a destruirse, pero la fibra mojada puede experimentar más fricción y deformación durante varias horas contra la almohada.
Si el cabello además está decolorado, muy largo o propenso a formar nudos, puede despertar más enredado y necesitar una manipulación más intensa al día siguiente.
Siempre que sea posible, retirar buena parte de la humedad antes de dormir puede facilitar el cuidado y disminuir enredos.
¿Cómo cuidar el cabello teñido o decolorado?
Un cabello teñido necesita preservar tanto la condición de la fibra como el aspecto del color. La frecuencia de lavado, las temperaturas elevadas y nuevos procedimientos químicos pueden influir en cómo evoluciona el tono.
La decoloración requiere todavía más atención porque puede aumentar porosidad y reducir resistencia. En esos casos el acondicionamiento, el control del calor y evitar nuevas superposiciones químicas cobran especial importancia.
Si estás combinando coloración con keratina o alisados, nuestro apartado de keratina y coloración explica específicamente qué cambia cuando existen tintes, mechas y decoloración.
¿Cómo cambia el cuidado según tu tipo de cabello?
Una buena rutina no depende únicamente de si el cabello es liso, ondulado o rizado. También importan el diámetro de la fibra, la porosidad, el estado químico, la densidad y el resultado que quieres conseguir.
Un cabello fino puede necesitar acondicionamiento sin exceso de peso. Un cabello grueso y seco puede tolerar fórmulas más ricas. Una textura rizada puede necesitar más lubricación y técnicas de definición, mientras un cabello decolorado puede necesitar priorizar resistencia y reducción de fricción.
Si quieres profundizar en cómo cambia el comportamiento de tratamientos según la textura y el estado de la fibra, consulta nuestra sección según tu cabello.
¿Los aceites hidratan el cabello?
Los aceites pueden mejorar lubricación, brillo y suavidad, y algunos ayudan a disminuir la pérdida de determinados componentes o la fricción dependiendo del tipo de aceite y de cómo se utilice.
Sin embargo, aceite e hidratación no son exactamente sinónimos. Aplicar aceite sobre un cabello áspero puede mejorar mucho su tacto, pero eso no significa que cualquier problema de sequedad se resuelva simplemente aumentando la cantidad.
En cabello fino, demasiado aceite puede dejar la fibra pesada. En cabellos gruesos o muy secos puede ser útil una cantidad mayor, especialmente en puntas.
¿Las proteínas son buenas para el cabello?
Determinadas proteínas hidrolizadas se utilizan en cosmética capilar porque pueden depositarse sobre la superficie o interactuar con zonas dañadas de la fibra, mejorando algunas propiedades cosméticas.
Pero no existe una regla según la cual todo cabello dañado necesite constantemente productos con grandes cantidades de proteína. La fórmula completa y la respuesta individual importan más que un ingrediente aislado.
Si después de utilizar un producto el cabello se siente áspero, rígido o difícil de manejar, tiene sentido ajustar la rutina en lugar de continuar aplicándolo únicamente porque se presenta como “reconstructor”.
Hábitos que pueden aumentar el daño del cabello
Muchas veces el problema no está en la falta de productos, sino en hábitos repetidos. Planchar demasiadas veces la misma sección, desenredar con fuerza, superponer decoloración, llevar peinados excesivamente tensos o utilizar calor intenso sobre una fibra ya sensibilizada puede producir más deterioro del que cualquier mascarilla puede compensar.
También puede acumularse daño cuando realizamos varios procedimientos seguidos sin considerar lo que ya existe en medios y puntas.
Por eso, cuando un cabello comienza a romperse, la solución no debería limitarse a buscar un producto “más reparador”. Primero hay que identificar qué está generando el daño.
Una rutina sencilla suele funcionar mejor que una rutina interminable
Para muchas personas una buena rutina puede resumirse en cuatro preguntas:
¿El cuero cabelludo está suficientemente limpio? Si no, ajusta el lavado.
¿Los medios y puntas se sienten ásperos o se enredan? Revisa el acondicionamiento.
¿Utilizas calor? Reduce temperatura innecesaria y utiliza protección térmica.
¿Existe rotura o daño químico? Disminuye nuevos procesos agresivos y protege la fibra mientras crece.
Todo producto adicional debería responder a una necesidad concreta, no simplemente ocupar otro paso en la rutina.
¿Cuándo un problema del cabello necesita valoración médica?
El cuidado cosmético de la fibra tiene límites. Si aparece caída repentina o muy intensa, áreas sin cabello, dolor, heridas, inflamación, picor persistente o descamación importante del cuero cabelludo, no conviene tratar el problema únicamente cambiando champú o añadiendo mascarillas.
En esas situaciones puede ser necesaria una valoración dermatológica para identificar si existe una condición del cuero cabelludo o una causa médica de la caída.
Dekeratina se centra principalmente en el cuidado cosmético de la fibra, los tratamientos y la prevención del daño, no en sustituir el diagnóstico de enfermedades capilares.
Entonces, ¿cómo cuidar bien el cabello?
La mejor rutina es la que cubre las necesidades reales del cabello sin someterlo a más manipulación de la necesaria. Limpia el cuero cabelludo cuando lo necesita, acondiciona las longitudes, desenreda con poca fricción y protege la fibra del calor y de procesos químicos repetidos.
Después puedes adaptar la rutina según los problemas que observes: sequedad, frizz, alta porosidad, puntas abiertas o daño. Cada uno necesita una estrategia un poco diferente y no todos se solucionan añadiendo más productos.
Entender esa diferencia permite construir una rutina más sencilla, más económica y, sobre todo, más coherente con el estado real del cabello.
Preguntas frecuentes sobre el cuidado del cabello
¿Cuál es la mejor rutina para cuidar el cabello?
Una rutina básica incluye lavado según las necesidades del cuero cabelludo, acondicionamiento de medios y puntas, desenredado cuidadoso y protección cuando se utilizan herramientas térmicas. Después pueden añadirse productos específicos según sequedad, frizz o daño.
¿Cada cuánto se debe lavar el cabello?
No existe una frecuencia universal. Debe lavarse con la frecuencia necesaria para mantener el cuero cabelludo limpio y cómodo, adaptando el producto y el acondicionamiento a la textura y estado de las longitudes.
¿Cómo mantener el cabello hidratado?
Un buen acondicionamiento regular, mascarillas cuando sean necesarias y productos sin enjuague pueden mejorar suavidad y manejabilidad. También conviene reducir calor excesivo y otras fuentes de desgaste que aumentan la sensación de sequedad.
¿Cómo quitar el frizz del cabello?
Puede reducirse disminuyendo fricción, utilizando acondicionamiento adecuado, controlando la técnica de secado y usando productos que ayuden a mantener la fibra alineada. Si existe daño químico, también hay que tratar la causa del deterioro.
¿Cómo saber si el cabello está dañado?
Rotura, aspereza marcada, puntas deterioradas, elasticidad anormal y mayor tendencia a formar nudos pueden indicar daño. Sin embargo, un cabello seco o rizado no está necesariamente dañado solo por sentirse menos sedoso.
¿El cabello dañado se puede reparar?
Los cosméticos pueden mejorar considerablemente suavidad, lubricación, brillo y resistencia al manejo, pero una fibra severamente dañada no vuelve literalmente a su estado virgen. La prevención de nuevo daño es tan importante como el acondicionamiento.
¿Sirve el protector térmico?
Sí. Determinadas formulaciones pueden disminuir parte del daño producido por herramientas calientes y reducir fricción. Sin embargo, no convierten el cabello en inmune al calor, por lo que también importa controlar temperatura y número de pasadas.
¿Hay que usar acondicionador en cada lavado?
Muchas personas se benefician de acondicionar después del champú, especialmente en medios y puntas. La cantidad y riqueza de la fórmula deben adaptarse al grosor, textura y nivel de sequedad del cabello.
¿Es malo usar mascarilla todos los días?
No existe una regla universal, pero normalmente no es necesario utilizar un tratamiento intenso diariamente. Si el cabello empieza a sentirse pesado, rígido o sin movimiento, conviene revisar la frecuencia y la fórmula.
¿Los aceites reparan las puntas abiertas?
Pueden mejorar temporalmente suavidad, lubricación y apariencia, pero no vuelven a unir permanentemente una punta que ya está físicamente dividida. Cortar esa sección sigue siendo la solución definitiva.
¿Es mejor secar el cabello al aire?
No siempre. Un secador demasiado caliente puede dañar la fibra, pero utilizado a una distancia razonable, en movimiento y con una temperatura controlada puede ser una opción adecuada. Lo importante es evitar exposición térmica excesiva.
¿Cómo cuidar un cabello decolorado?
Conviene priorizar acondicionamiento, reducir calor innecesario, evitar superponer nuevos procesos químicos y vigilar signos de elasticidad excesiva o rotura. Un cabello muy sensibilizado puede necesitar posponer tratamientos adicionales.
¿Qué productos son realmente necesarios para cuidar el cabello?
Para muchas personas basta con un champú adecuado, acondicionador y protección térmica si utilizan calor. Mascarillas, leave-in, aceites y otros productos pueden añadirse cuando responden a una necesidad concreta.
